Saturday, February 02, 2008

Selección de textos y algunos comentarios de la Encíclica Spes Salvi 2da parte.

I. La oración como escuela de la esperanza

Texto de la Encíclica

Comentario (Titosan Blog)

Si me veo relegado a la extrema soledad...; el que reza nunca está totalmente solo (Cardenal Nguyen Van Thuan, durante sus 13 años en prisión).

No agrego ningún comentario, se explica solo…

Citando a San Agustín: El hombre ha sido creado para una gran realidad, para Dios mismo, para ser colmado por Él.(…) usa una imagen muy bella para describir este proceso de ensanchamiento y preparación del corazón humano… Imagínate que Dios quiere llenarte de miel [símbolo de la ternura y la bondad de Dios]; si estás lleno de vinagre, ¿dónde pondrás la miel? » El vaso, es decir el corazón, tiene que ser antes ensanchado y luego purificado: liberado del vinagre y de su sabor. Eso requiere esfuerzo, es doloroso, pero sólo así se logra la capacitación para lo que estamos destinados… Se ve claramente que con este esfuerzo por liberarse del vinagre y de su sabor, el hombre no sólo se hace libre para Dios, sino que se abre también a los demás

Yo pienso que la felicidad del hombre consiste en vivir en paz, pero vivir en paz no pienso que sea un no hacer nada, sino que la paz que proviene de descubrir los talentos que uno tiene, descubrir también las debilidades que con mayor o menor grado de responsabilidad habitan en mi comportamiento... Creo que vivir en paz es la lucha constante por la rectificación de esos “vicios” que tengo, pero no solo eso, es también utilizar mis talentos para hacer el bien a los demás.

Sin embargo aquí San Agustín (citado por el Papa) me abre un nuevo panorama, porque quizá al pretender los cambios específicos o el desarrollo de los talentos que tengo en beneficio de los demás, pueda pensar en una relación causa-efecto en la cual yo desarrolle esa aptitud o intente desarraigar ese defecto y solamente con mis fuerzas lograrlo…

Pienso que la clave está en que el esfuerzo tengo que hacerlo para mi superación personal, pero ese esfuerzo es la mitad de la historia, ese esfuerzo tiene como objetivo disponerme para lograr la capacitación para la que estoy destinado.

Definitivamente, mientras voy progresando en el trabajo arduo y a veces doloroso de la superación personal en los diversos ámbitos: físico, moral, psicológico, afectivo, resulta lógico que durante el camino vaya “descubriendo” esa verdadera capacitación a la que estoy llamado, esa felicidad… y es más, iré descubriendo los aspectos concretos de esa felicidad, de esa forma de hacer felices a los demás utilizando mis talentos.

En la oración, el hombre ha de aprender qué es lo que verdaderamente puede pedirle a Dios… Ha de aprender que no puede pedir cosas superficiales y banales que desea en ese momento, la pequeña esperanza equivocada que lo aleja de Dios.

Me llama la atención lo que dice el Papa: Si hago oración y pido cosas superficiales y banales, me alejo de Dios, por lo tanto el supuesto medio de acercamiento a Dios, lo que hace es alejarme…

Además me parece muy acertado que en la oración he de aprender lo que tenga que pedir… Me gusta esto de aprender, porque ese pedir constantemente me hace más bien a mi para estar “atento” a “’ capturar” las situaciones en las que pueda desenvolverme según el esquema óptimo para mi felicidad y para la felicidad e los demás.

Es super-interesante esto de pedirle a Dios que me diga qué es lo que tengo que pedir, porque me hace bien a mi, porque estaré más atento a descubrir… En cambio si estoy pidiendo lo incorrecto y sin voluntad de aprender, las oportunidades de ser más feliz, desarrollar más mis talentos en servicio de los demás, posiblemente las dejaré pasar sin darme cuenta…

II. El actuar y el sufrir como lugares de aprendizaje de la esperanza

Texto de la Encíclica

Comentario (Titosan Blog)

El esfuerzo cotidiano por continuar nuestra vida y por el futuro de todos nos cansa o se convierte en fanatismo, si no está iluminado por la luz de aquella esperanza más grande que no puede ser destruida ni siquiera por frustraciones en lo pequeño ni por el fracaso en los acontecimientos de importancia histórica (…)

Sólo la gran esperanza-certeza de que, a pesar de todas las frustraciones, mi vida personal y la historia en su conjunto están custodiadas por el poder indestructible del Amor y que, gracias al cual, tienen para él sentido e importancia, sólo una esperanza así puede en ese caso dar todavía ánimo para actuar y continuar.

Me parece tan cierto y tan acertado esto que dice el Papa Ratzinger, porque muestra las dos caras de una moneda puramente humana, la del esfuerzo continuado por continuar nuestra vida, una vida (la de todos) que está constantemente “aderezada” con dificultades y contrariedades.

La primera reacción a este caminar que se hace cuesta arriba tantas veces es el cansancio… una reacción natural y humana…

Pero el gran peligro es en el fanatismo porque el fanático ya no piensa, el fanático va en su camino y no le importan las personas, le importa su camino, le importa lo que el se fijo (o le fijaron) como objetivo, y eso es lo que importa para el, aunque en el camino atropelle a personas… El fanatismo es peor que el cansancio, porque el fanático es necio y no razona… en el fanático no hay frustraciones, pero tampoco reconvenciones.

Y la medicina para prevenir ambas reacciones es la GRAN-ESPERANZA, que me da el ANIMO.

¿MERECER EL CIELO, MERECER SER AMADO?

El reino de Dios es un don, y precisamente por eso es grande y hermoso, y constituye la respuesta a la esperanza. Y no podemos –por usar la terminología clásica– « merecer » el cielo con nuestras obras. Éste es siempre más de lo que merecemos, del mismo modo que ser amados nunca es algo « merecido », sino siempre un don.

Me quedo con la expresión: ser amados nunca es algo merecido, es un don… y como tal, quizá la llama que más avive el amor, sea un amor conyugal o un amor de amistad, hay que agradecerlo…

Y ahora aprovecho a agradecer a Dios por los amores que han pasado por mi vida, y por los que pasarán… Eros y Filia, ambos necesarios, ambos dones, ambos los agradezco.

Agradezco el Amor que Dios me tiene, se lo agradezco a El, porque es un don…

¿ELIMINAR EL SUFRIMIENTO?

Podemos tratar de limitar el sufrimiento, luchar contra él, pero no podemos suprimirlo. Precisamente cuando los hombres, intentando evitar toda dolencia, tratan de alejarse de todo lo que podría significar aflicción, cuando quieren ahorrarse la fatiga y el dolor de la verdad, del amor y del bien, caen en una vida vacía en la que quizás ya no existe el dolor, pero en la que la oscura sensación de la falta de sentido y de la soledad es mucho mayor aún. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo

Sufrimiento todos vamos a tener en la vida... Puedo intentar eliminarlo, pero me pasaré la mayor parte de mi vida en esa “batalla egoista”…

No me preocuparé de buscarlo, el sufrimiento me ha encontrado… y me seguirá encontrando, no lo trataré de esquivar porque me seguirá encontrando, quizá a la manera en que la Muerte en Teheran encontró a su víctima.

Lo que le pido a Dios es que me ayude a aceptarlo, y a madurar… ese es el sentido del sufrimiento, la maduración hacia lo que decía antes, madurar hacia el discernimiento de mis talentos y de mis vicios, para fomentar unos e intentar erradicar los otros, y todo para servir a los demás.

SUFRIMIENTO Y SOCIEDAD

Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana. A su vez, la sociedad no puede aceptar a los que sufren y sostenerlos en su dolencia si los individuos mismos no son capaces de hacerlo y, en fin, el individuo no puede aceptar el sufrimiento del otro si no logra encontrar personalmente en el sufrimiento un sentido, un camino de purificación y maduración, un camino de esperanza.

Interesantísima la lógica, una sociedad se puede volver cruel e inhumana, pero son en el fondo sus miembros quienes tienen la responsabilidad de compartir y ayudar a sobrellevar el sufrimiento, pero el individuo solo puede si el acepta ese sufrimiento.

En efecto, aceptar al otro que sufre significa asumir de alguna manera su sufrimiento, de modo que éste llegue a ser también mío. Pero precisamente porque ahora se ha convertido en sufrimiento compartido, en el cual se da la presencia de un otro, este sufrimiento queda traspasado por la luz del amor. La palabra latina consolatio, consolación, lo expresa de manera muy bella, sugiriendo un « ser-con » en la soledad, que entonces ya no es soledad. Pero también la capacidad de aceptar el sufrimiento por amor del bien, de la verdad y de la justicia, es constitutiva de la grandeza de la humanidad porque, en definitiva, cuando mi bienestar, mi incolumidad, es más importante que la verdad y la justicia, entonces prevalece el dominio del más fuerte; entonces reinan la violencia y la mentira. La verdad y la justicia han de estar por encima de mi comodidad e incolumidad física, de otro modo mi propia vida se convierte en mentira.

¿Es tan importante para mí la verdad como para compensar el sufrimiento?

Lo que resalté en rojo me recuerda la última estrofa de la canción de Frank Sinatra: My Way

For what is a man, what has he got?
If not himself, then he has naught.
To say the things he truly feels;
And not the words of one who kneels.
The record shows I took the blows -
And did it my way!

Pues que es un hombre, ¿qué es lo que ha conseguido?
Si no es a sí mismo, entonces no tiene nada.
Decir las cosas que realmente siente
y no las palabras de alguien que se arrodilla.
Mi historia muestra que asumí los golpes
y lo hice a mi manera.

Muchas veces el buscar la justicia hacia los más débiles me puede llevar a la marginación, me puede llevar al sufrimiento, pero ese es precisamente el que tengo que asumir, porque si por mi bienestar claudico de mis principios, al principio quizá solamente me diga que nadie me llama a meterme, pero la verdad es que ante las injusticias que se cometen y de las que caigo en cuenta, como cristiano, como persona diría… tengo la obligación de buscar que se haga justicia por los medios lícitos y proporcionados, no me es permitido voltear la cara hacia otro lado, porque allí lo que estoy haciendo es poniendo en primer lugar mi comodidad…

Y yo no quiero que mi vida sea una mentira, quiero que mi vida sea auténtica, pero verdadera también… y es por eso que cuando veo que se puede cometer una injusticia en las áreas donde tengo influencia, trato de evitarla…

Obviamente no voy a hacerla de Robin Hood, pero en la medida de mis posibilidades el buscar la justicia me mueve a muchas de mis acciones.

Para mi si es tan importante la verdad como para compensar el sufrimiento…

Ciertamente, en nuestras penas y pruebas menores siempre necesitamos también nuestras grandes o pequeñas esperanzas: una visita afable, la cura de las heridas internas y externas, la solución positiva de una crisis, etc. También estos tipos de esperanza pueden ser suficientes en las pruebas más o menos pequeñas. Pero en las pruebas verdaderamente graves, en las cuales tengo que tomar mi decisión definitiva de anteponer la verdad al bienestar, a la carrera, a la posesión, es necesaria la verdadera certeza, la gran esperanza de la que hemos hablado.

Que gran actitud la que el Papa fomenta, es lo más alejado al conformismo (opio del pueblo) que tantas veces se acusa a la Iglesia Católica, fomenta esos tipos de esperanza, y yo pienso que así como es bueno pensar como dar a otros esos tipos de esperanzas más o menos pequeñas… es importante saber recibirlas como son, porque si me “polarizo” hacia enfrentarlo todo con la gran-esperanza pienso que corro el riesgo de “sub-utilizar” esa gran esperanza, porque para problemáticas y decisiones “menores”, están las esperanzas menores...

En resumen diría que de la gran esperanza proceden esas pequeñas esperanzas, provienen y la manifiestan y me preparan para acoger esa Gran-Esperanza en el momento de mi existencia en que la necesite para esas decisiones verdaderamente graves.